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Una conversación con la arquitecta e interiorista Isabel Francoy

Isabel Francoy llegó al sector del mueble como extensión de la arquitectura y el interiorismo. Ella lo define así: “Detalle, contenido y continente”. No concibe diseñar un espacio sin imaginar lo que pasa dentro. “Complementación y comunión” son sus directrices.

Artículo 
Alba Riera

Carpinteros de Otter
Mueble para vinilos: Jaime Martín
Escritorio: Daniel & Manuel Prats

Fotógrafo
Anthony Perez

Isabel Francoy es arquitecta, interiorista y diseñadora. También colabora en Otter desde 2016. Te hemos hablado del último proyecto que hizo con nosotros en el último artículo del blog. Empezamos a trabajar juntos porque produjo una mesa para un cliente DJ a través de Otter. Esto nos hace pensar en las ganas que tenemos de bailar y de volver a vivir la música en directo, pero también en que la época que atravesamos nos ha servido para afianzar todo aquello que queremos cerca, nos ha enseñado que la colaboración es la única vía posible para los tiempos que corren y con Isabel queremos seguir colaborando siempre. Hoy la entrevistamos para que conozcáis más a fondo su trabajo y cuál ha sido el resultado de nuestro match.

¿Cuál es tu filosofía de trabajo?

Podría resumirse en 3 puntos básicos:
 
La Escala 1:1. Cada proyecto parte de la escala humana, personal y genuina para detectar y resolver necesidades particulares aportando soluciones propias. Para mí la arquitectura es una herramienta creativa más que un fin y el diseño lo pongo al servicio de las necesidades de cada persona.
 
Estética y funcionalidad. Soy fiel a la idea y le doy un gran valor tanto a la composición como a la funcionalidad. Trato de cuidar siempre hasta el último detalle. La funcionalidad debe ir de la mano, es decir, la composición espacial debe comulgar con la intención estética.
 
Un espacio holístico. Creo en el vínculo permanente del contenido y el contenedor, formando un todo en equilibrio, manteniendo un diálogo constante entre los elementos que componen un espacio.

¿Cuál es el proceso que sigues para transformar algo abstracto (como una idea) en algo físico (como un objeto)? 

Las características del espacio (es decir, donde van a estar los objetos) y las necesidades del cliente o proyecto son la primera pieza, la primera huella del “mapa conceptual” de todo el proceso. Una vez lo tengo en mente, lo sigo macerando en mi vida normal y rutinaria y con el popurrí que tengo en la cabeza busco referencias, apunto todas las ideas que se me ocurren… De hecho, a menudo las mejores ideas se me ocurren en la calle, cuando me topo con algo que no tiene nada que ver con lo que tengo en mi cabeza, sin embargo lo relaciono y hago una conexión. Eso también me pasa en la ducha, o viendo una película. Definitivamente, la clave es mezclar datos e ideas y no quedarte con un solo concepto.

"Cada proyecto parte de la escala humana, personal y genuina para detectar y resolver necesidades particulares aportando soluciones propias."

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Seguro que has diseñado muebles para ti. ¿Cuál es la diferencia entre hacerlo para uno mismo o hacerlo para un cliente?

Hacerlos para ti supone tener carta blanca pero también reduce el reto. Así pues, prefiero diseñar para un cliente.

De hecho, ¿qué es lo más fácil y lo más difícil de tu profesión?

Lo más fácil es tener carta blanca en diseño y presupuesto. Lo más difícil es conseguirlo.

¿Cómo adaptas las peticiones del cliente sin perder tu propio estilo?

La cercanía y la comunicación con el cliente son muy importantes. Tienes que entender todas sus necesidades y mostrarle un abanico de posibilidades que se ajuste a lo que necesita, teniendo en cuenta que a menudo le cuesta materializar. Es aquí donde está el reto.

Si repasamos los distintos muebles que has hecho a través de Otter. ¿Qué destacas de cada uno?

Mis muebles siempre tienen nombre propio. Así los vínculo de una manera cercana al cliente y esto les da un valor añadido. Se convierten en piezas únicas y personalizadas que suelen gustar mucho y que generan cariño hacia el proyecto.

La mesa para DJ (mesa M) fue el primer diseño que hice para Otter. Significó mucho porque la música es muy importante para mi, concretamente la electrónica.

El zapatero Carmen me hizo disfrutar mucho del proceso, pues la idea era hacer un zapatero que no lo pareciera. Buscábamos un estilo cercano a un mueble de salón, que se pudiera colocar en cualquier sitio de la casa y que pudiera cambiar de uso.

La mesa Eladia también fue un proyecto muy bonito. Adaptamos una mesa para usos específicos, como una silla de ruedas, sin que pareciera ortopédico, como la mayoría de diseños para minusválidos.

Acabamos la charla y nos ponemos a recordar, con Isabel, todos los demás trabajos que hemos abordado juntos: mesas de cocina, mesas de trabajo, espacios para almacenar vinilos… Ocurre que cuando crear es la pasión, el germen de cada proyecto, resulta casi inesquivable innovar y conseguir los retos con soluciones que van más allá y que nos sorprenden. Por eso, para Otter, contar con una colaboradora como Isabel resulta tan gratificante, porque nos ayuda a construir algo extraordinario.